Falsificación marcaria
2006-02-06
Reclaman reforma que castigue al consumidor
El especialista Roberto Porcel asegura que el público es cómplice y responsable de que exista este flagelo. Cuestiona fallos que sentaron precedentes para configurar el delito
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Falsificación marcaria: reclaman reforma que castigue al consumidor
Productos apócrifos
El especialista Roberto Porcel asegura que el público es cómplice y responsable de que exista este flagelo. Cuestiona fallos que sentaron precedentes para configurar el delito
 

Mas allá del perjuicio que la falsificación de productos le ocasiona a la marca involucrada, el fenómeno que se debe analizar y que trasciende a cualquier marca en particular es que, al parecer, ya no importa el producto como tal ni su especialidad o calidad, sino la sola ostentación de la marca.

En otras palabras, se acepta de buen grado el consumo de productos falsificados como sustitutivo de la marca original. La premisa es una buena copia, ostentar la marca y plantear la confusión; resultante, con la duda alcanza.

Esto que ya es un hecho en países como China y los del sudeste asiático, especialistas en copias y réplicas está cobrando cada vez mas fuerza entre nosotros.

Para peor, resoluciones judiciales que no acompañan coadyuvan a fomentar la tendencia.

No hace tanto sufrimos una sentencia de un juez federal de la Capital Federal que, en una causa que involucraba a esta misma marca de carteras, sostuvo luego de los allanamientos y secuestro del material apócrifo y del resultado de las pericias, que fueron concluyentes en cuanto a la falsedad del damero utilizado, que no existía falsificación por cuanto el precio de venta del producto en infracción era muy menor al real de mercado del producto original.

Más allá de lo desacertado de la resolución, que en nada se compadece con lo que establece la ley vigente -el artículo 31 de la ley 22.362 sanciona al que falsifique o imite fraudulentamente una marca registrada, al que use una marca registrada sin autorización, al que ponga a la venta o comercialice una marca registrada falsificada o fraudulentamente imitada o al que ponga en venta o de cualquier forma comercialice productos con marca registrada falsificada, nada refiere en cuanto al precio de venta del producto en infracción-, la visión de este juez va de la mano con la conducta que el público consumidor está adoptando.

Se justifica la comercialización y adquisición de productos en infracción en función del precio de venta. Como el producto original tiene un mayor valor, se recurre a la imitación como si esto fuera licito o estuviere permitido.

No existe ni una toma de conciencia en cuanto a la existencia del delito, ni mucho menos una condena social contra la falsificación marcaria.

El público consumidor es cómplice y gran responsable de la existencia de este flagelo.

Por ello, sería importante que en la próxima reforma sobre la que se está trabajando con respecto al delito de falsificación de marcas se contemple, como ya existe en otros países del continente europeo -aún cuando en este caso se lo considere un delito aduanero-, la posibilidad de perseguir directamente a quien consuma o adquiera productos en infracción; pues resulta tan necesario para la comisión del delito quien lo fabrica como quien lo consume.

Fuente: www.infobaeprofesional.com